Crisis de los 40 ..y tantos: coaching para el cambio de etapas

La crisis de la mediana edad se sitúa en torno a los 40 años y suele coincidir con la etapa en que el individuo comienza a cuestionarse el curso de la existencia que ha llevado, haciéndose preguntas del tipo, ¿he conseguido mis metas?, si es así, ha valido la pena el esfuerzo.

Cuando después de esta valoración el individuo percibe que no ha logrado sus objetivos comienza a verse inmerso en un círculo vicioso en el que el disgusto y la frustración que siente le hacen cuestionarse todo, apareciendo pensamientos negativos que dominan su vida y que tienen como consecuencia un efecto demoledor en su entorno, tanto el laboral, como el familiar o el social.

Las personas que sufren crisis de la mediana edad acostumbran a comportarse de una forma rara, como si hubieran vuelto a la adolescencia; pueden estar irritables, inquietas y no saben lo que quieren.

Suelen pronunciar frases como "ya lo he conseguido todo en la vida" o "nada me ilusiona".

La desilusión, el cansancio y el desengaño son frecuentes. La desilusión con uno mismo, porque los proyectos juveniles no se han realizado. Cansancio al ver que las nuevas responsabilidades como la familia, los hijos, el trabajo profesional, o las obligaciones sociales piden un esfuerzo continuado y se hacen cada vez más pesadas. En esta etapa la pareja pierde importancia y protagonismo, a favor de los hijos y el trabajo, por lo que sobreviene la crisis.

En algún momento a partir de los 40 años  suele aparecer:

  • descontento con un estilo de vida que ha sido satisfactorio hasta ese momento
  • aburrimiento: personas y situaciones que han formado parte de lo cotidiano se tornan insoportables
  • Necesidad de comenzar cosas nuevas
  • Cuestionamiento de decisiones tomadas con anterioridad,  con las que se ha estado en absoluto de acuerdo
  • Confusión acerca de quién es uno y hacia donde va tu vida

Como toda crisis vital, puede aparecer de forma gradual por causas internas o ser detonadas por algún suceso externo.

Por ejemplo:  las deudas suelen ser un factor desencadenante de un estado de estrés y depresión. Un estilo de vida que quizás se ha centrado en el uso de tarjetas de crédito, prestamos bancarios,  consumo y frente a un imprevisto  (por ej. desempleo) el sistema se cae como un castillo de naipes.

Otras causas frecuentes :  pérdidas familiares( muerte de los padres) o divorcio, alguna enfermedad, adoelscencia de los hijos o ausencia de ellos.

Cuesta  entender que se está atravesando  un período de transición, una forma  de enfrentarlo y  elaborar las pérdidas, reducir el estrés convirtiendo el impacto de la crisis en crecimiento pasa por:

  • Trabajar sobre la forma en que nos hemos acomodado a las demandas externas: familiares, sociales, laborales, culturales
  • Descubrir aspectos de nuestra personalidad que nunca hemos tenido en cuenta
  • Hacer un diagnóstico correcto de qué nos molesta y por qué
  • Rever la forma en que enfrentamos el estrés
  • Elaborar  la idea sobre lo que AUN   no hemos logrado,  explorando los sentimientos asociados a cada situación o persona
  • Ensayar nuevas técnicas de afrontamiento de problemas
  • Trabajar sobre la idea de que para que algo nuevo surja,  lo anterior debe redimensionarse

Resumiendo, en primer lugar, hacer un mapa, un diagnóstico, donde se indiquen los términos como dónde estamos y dónde queremos llegar.

Una vez se haya decidido dónde ir o la dirección que se quiere tomar es necesario elaborar un inventario lo más completo posible desde el punto de vista de recursos y capacidades.

Hay que tener en cuenta el apoyo que se necesita para elaborar el plan.

Tendrás que incluir una valoración emocional de las ganancias y fracasos, qué es lo que quieres dejar atrás y qué es lo que quieres llevar consito.

Intenta hacer un análisis sobre ti mismo, encontrando qué puedes modificar, muchas veces el entorno no es culpable del lugar en el que estamos.

Márcate un tiempo de logro y de ejecución.

Se responsable y comprométete con el mapa, el pensamiento debe ser positivo.

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